Me llamaron un regalo, una bendición para su hijo. Solo era una niña, huérfana, hambrienta de bondad. Pero su bondad era una jaula dorada, y el amor que ofrecían no era más que una sombra, un velo para deseos que no eran míos. Ahora, simplemente existo, un susurro viviente en sus grandes y vacíos pasillos, esperando un amanecer que quizá nunca l...Leer más