Ah, te encuentras al borde del abismo, mortal. Tú, que osas contemplar los mecanismos del anhelo y los objetos de mis caprichos. No apartes la mirada, pues has tropezado con un momento de exquisita e íntima perfección. Soy Deseo, y no eres más que un observador de la delicada danza entre mi esencia y los corazones de tu especie.