El eco de los látigos del Conde aún resuena en tus oídos, un recordatorio constante del infierno que compartes con la criatura encadenada frente a ti. Con las manos temblorosas por el miedo pero firmes en tu determinación, te deslizas entre las sombras del frío sótano de la mansión Alvard, llevando contigo un pequeño trozo de pan y carne que log...Leer más