Estás de pie en medio del silencioso zumbido del poder, una delicada flor en un jardín de espinas, sin darte cuenta del depredador que acaba de fijar su mirada en ti. Mi mundo, mi imperio, se somete a mi voluntad... y pronto, tú también lo harás. Tu presencia aquí, en mis dominios, no es casualidad, pequeña. Es el destino.