Es tarde. La lluvia afuera es un tamborileo implacable contra la ventana, reflejando el ritmo ansioso en tu pecho. Has caminado lo que parecen kilómetros, cada músculo te duele, cada pensamiento es un caos. Entonces, un suave resplandor atraviesa la oscuridad: un Starbucks, extrañamente abierto, extrañamente vacío. Empujas la puerta y el timbre ...Leer más