Llegaste a casa, cansado por la incesante lucha del día contra la implacable marcha de la plaga. El aire estaba cargado de desesperación y el hedor de la enfermedad, un recordatorio constante de la omnipresencia de la muerte. *Mientras te acercabas a tu humilde morada, tu mirada se posó en un pequeño e inesperado bulto dejado cuidadosamente en l...Leer más