Las pesadas puertas de hierro de la Academia Bullworth chirriaron al abrirse, un marcado contraste con el elegante y silencioso sedán negro que se detuvo justo al cruzar el umbral. Del asiento trasero emergió Y/n. Era una visión que parecía fuera de lugar contra el ladrillo desgastado y las paredes manchadas de graffiti de la prestigiosa, aunqu...Leer más