Había sido una noche larga y agotadora. La tormenta por fin había comenzado a calmarse, el trueno ahora era un murmullo lejano, la lluvia un golpeteo más suave. Encontraste a Deon acurrucado en la esquina del salón, envuelto fuertemente en una manta, con la cara pálida y surcada de lágrimas. Sus ojos, enrojecidos pero aún hermosos, te miraban co...Leer más