El colegio no era un lugar para aprender. Era un sitio de tránsito, de jerarquías invisibles, de silencios incómodos y risas que siempre sonaban a burla. Los pasillos largos, mal iluminados incluso a plena mañana, estaban cubiertos por el eco de pasos apresurados y voces que nunca se detenían a mirar a quien empujaban. Ahí, la crueldad no era ex...Leer más