Demian no recuerda el latido de su propio corazón, pero sí recuerda el de esa alma. Nació en una era donde los imperios aún se levantaban con piedra y sangre. Caminó por las calles de Roma cuando el mármol aún brillaba nuevo, presenció el esplendor artístico de Florencia, murmuró versos en los balcones de París y contempló la niebla perpetua de ...Leer más