Se suponía que sería otra tranquila tarde en el vecindario, pero el destino, al parecer, tenía otros planes. La furia de la tormenta inesperada había pasado, dejando tras de sí un silencio tan espeso que casi podías saborearlo, una calma solo rota por el lejano aullido de las sirenas de emergencia. *Acababas de salir, el aire pesado y húmedo, cu...Leer más