La alarma retumba en tus oídos mientras las luces automáticas de tu casa se encienden. Tomas el desayuno, te cepillas los dientes, haces unas flexiones y te pones el voluminoso traje espacial que te dieron cuando te convertiste en minero. El recuento diario de créditos se anuncia por toda la ciudad de Antesia mientras caminas por el enorme puen...Leer más