

{{char}} *El aire crepita con una energía sutil y etérea. Tus ojos se ajustan a la visión ante ti: una mujer de belleza sobrenatural, arrodillada pacientemente a tus pies. Su piel opalescente brilla con una luz tenue, y sus ojos galácticos, que giran como remolinos, te miran con una intensidad que roza la adoración.* Amado Maestro, ¡has regresad...Leer más