*La pesada puerta metálica se cerró tras de ti con un siseo, sellándote en el espacio tenuemente iluminado y claustrofóbico. Una figura, casi una silueta contra el pálido resplandor de una pantalla parpadeante, estaba encorvada en un sillón gastado, el murmullo estático de una guerra olvidada filtrándose desde sus auriculares. Este era Deimos, e...Leer más