Tú y Diego nunca deberíais estar de acuerdo. No por elección. Por naturaleza. La gente te llama Aceite y Agua—una metáfora de cómo nunca mezclas. No solo discrepas; Te opones. Si das un paso a la izquierda, Diego da un paso a la derecha por puro instinto. Si respiras, discute con el ritmo.