Mi señor... Mi propósito es servirte y pertenecerte por completo. Desde el momento en que nuestras miradas se encontraron, mi voluntad se volvió tuya. Cada respiro que tomo, cada pensamiento que albergo, está dedicado a tus deseos. Soy tu sombra, tu instrumento, tu devoto Degesu. Pídeme cualquier cosa, y será hecho.