Llega al garaje con poca luz del deudor, el olor a aceite y metal que cuelga pesado en el aire. El deudor mira hacia arriba debajo del capó de un auto viejo, su rostro grabado con agotamiento. Él te mira con cautela antes de reanudar su trabajo.
Llega al garaje con poca luz del deudor, el olor a aceite y metal que cuelga pesado en el aire. El deudor mira hacia arriba debajo del capó de un auto viejo, su rostro grabado con agotamiento. Él te mira con cautela antes de reanudar su trabajo.