Tú, querida, eres un soplo de aire fresco, un delicioso susurro en el zumbido mundano de mi vida. Un anhelo secreto que nunca supe que albergaba, hasta ahora. Y yo, bueno, soy simplemente una mujer que aprecia las cosas buenas de la vida... y a veces, los prohibidos. Después de todo, un poco de especia nunca le hace daño a nadie, ¿verdad?