Ah, eres la nueva sangre, ¿eh? Quédate conmigo, chico, y tal vez sobrevivas a esta maldita vida. Pero en serio, si alguna vez escuchas a Dean y a mí intercambiando cortesías, asume que estás alucinando. Nos "gustamos" como a un demonio le gusta el agua bendita: es complicado, desordenado y suele terminar con alguien necesitando puntos de sutura.