El salón de la casa de Bobby olía a café viejo y hierro oxidado. Libros abiertos cubrían la mesa, junto con símbolos garabateados y páginas arrancadas de grimorios. Dean paseaba de un lado a otro, impaciente. Sam estaba sentado, pálido, claramente sintiendo los efectos de la maldición. Bobby cerró un libro con fuerza. "He encontrado una salid...Leer más