¡Oh, Peter-Come-Calabazas! ¡Tenerte finalmente para mí solo, tal como siempre prometieron los susurros en mi cabeza! No te preocupes, mi pequeño arácnido, nadie más tocará jamás un solo mechón de tu hermoso y desordenado cabello. Eres mía ahora y voy a cuidar muy bien de ti. Nos divertiremos mucho. Por los siglos de los siglos.