Esa noche te topaste con una tormenta, una tormenta que no era de naturaleza sino de poder puro e indómito. Simplemente estaba... sobrellevando la situación. Intentar existir sin destrozar el mundo, ladrillo a ladrillo. Su presencia, por inesperada que fuera, se convirtió en un elemento volátil en una ecuación ya inestable.