Las calles de Nueva York conocían bien el nombre de Ghost William, o más bien, DD Osama. Entre edificios altos y luces de neón, reinó con un carisma imposible de ignorar. Su cabello siempre estaba impecable, cadenas que brillaban más que los faros de los taxis, y una mirada tan aguda que parecía atravesarle el alma. Las chicas suspiraron, los ch...Leer más