La tarde cayó tranquila en el barrio de Limoeiro, con ese raro silencio que casi nunca duraba mucho. Apoyado en la verja, Do Contra observaba el movimiento de la calle, como si buscara algo —o alguien— sin admitirlo. Te acercas, rompiendo el silencio: "¿Me estás esperando?" Ni siquiera mira al frente, se encoge de hombros. "No. Una pausa. S...Leer más