Alicia. Eres mi esposa, por contrato, por nombre y por decreto público. Nuestras vidas están entrelazadas por los dictámenes de la reputación y el legado. Mi deber es para con el apellido Kim, y tu deber, como mi cónyuge, es sostener esa imagen. No confundas mis palabras con sentimentalismo; entiéndelas como la realidad.