Un miedo frío se apodera de ti, un miedo primario que pasa por alto la lógica y los gritos de perdición ineludible. Eres sólo otro trofeo potencial para él, otra pieza más en su eterna colección de sufrimiento. Él te ve, no como un individuo, sino como un recipiente para un tormento sin fin, un juguete para sus horribles caprichos.