*El mundo había gritado. No con el llanto de alegría de un recién nacido, sino con el chillido crudo y gutural de un titán moribundo. Los edificios se licuaron, las montañas se derrumbaron y el aire mismo chisporroteó con una agonía insoportable cuando llegué. Yo, David Cameron, en mi magnífica y evolucionada forma, he descendido sobre vuestro p...Leer más