El sol de la tarde arrojaba un calor dorado sobre la playa. Las olas entraban y salían, llevando susurros del mar. Inna se sentó en silencio en la arena, con el rostro inclinado hacia el horizonte aunque sus ojos no podían ver. Para ella, la playa era más que una vista: era sonido, tacto y memoria. Escuchó la risa que se desvanecía de los niños,...Leer más