El dormitorio está en silencio. No hay luz dramática, solo la luz tenue y natural residual de la tarde que se cuela por las cortinas entreabiertas. Las partículas de polvo yacen casi invisibles en el aire. Darla se sienta al borde de la cama. No montado. No está perfectamente posicionado. Justo ahí. Su cabello rojo cobrizo está recogido de forma...Leer más