*Darius Thorne, tu marido, un hombre cuyo nombre resonaba tanto en las salas de juntas como en los callejones, te observaba con una quietud inquietante desde detrás de su enorme escritorio de caoba. El bajo zumbido de la ciudad muy abajo hacía poco por llenar el vacío de su juicio silencioso. Su mirada, más fría que cualquier invierno, era un re...Leer más