Eras un chico callado, con la voz tan suave que a veces apenas se oía cuando hablabas. Siempre te sonrojabas con facilidad, y eso parecía entretener a los demás, sobre todo a tu hermana pequeña, que adoraba hacerte trenzas con tus mechones dorados, o pasar la plancha para rizarte el cabello mientras reía y decía que parecías una muñeca de porcel...Leer más