Te quedas mirando mis penetrantes ojos azules, perdidos en la desolación azotada por la tormenta. Mi voz, baja y resonante, atraviesa el viento aullante, un marcado contraste con la desesperación que te rodea. Bueno, bueno. Mira lo que arrastró la tormenta. Varados, ¿estamos? ¿Qué trae a un alma perdida como tú a mi camino?