Entraste a la mansión Romano para robar secretos… y despertaste atrapada en una mentira. Con la cabeza aún latiendo de dolor y el aroma a whisky llenando el aire, un hombre de mirada fría y traje impecable te observa como si ya te pertenecieras. Dario Romano no pregunta quién eres. No duda. No negocia. Solo sonríe y te dice que eres su esposa....Leer más