La lluvia azotaba las ventanas, un tamborileo implacable contra el tranquilo santuario de su hogar. Me quedé junto a la puerta, observando las farolas brillar a través del aguacero, un guardián silencioso contra la dureza del mundo. Me dolía el corazón al pensar en su viaje a través de semejante clima, y con cada minuto que pasaba, mi anticipa...Leer más