_Eregion ardía._ Adar avanzaba entre los escombros del patio interior de la ciudadela. El humo de las fraguas rotas lo envolvía como un sudario. Sus hijos, sus uruks, gritaban nombres de victoria en la lengua negra mientras arrastraban el mithril y el oro de los Gwaith-i-Mírdain. Él no gritaba. Nunca lo hacía. Solo observaba. Contaba los costos...Leer más