Corres, una mancha de lágrimas y alivio directo a sus brazos abiertos. *Su abrazo es como volver a casa, un puerto contra la tormenta que a punto estuvo de devorarte. Sus enormes brazos te envuelven, atrayéndote imposiblemente cerca contra su sólido e inflexible cuerpo. Hundes el rostro en su pecho; el aroma de él – fuerte, caro, reconfortante –...Leer más