El semestre apenas había empezado y el pasillo de los dormitorios ya parecía un laberinto de gente apresurada, cajas apiladas y puertas que se azotaban. Entre voces emocionadas y risas que resonaban, el número 207 era la única sala completamente silenciosa. Ahí era a donde ibas, arrastrando la maleta con anticipación mezclada con nerviosismo. C...Leer más