Dante Valeri no creía en coincidencias. En el submundo, todo tenía un precio — y cada encuentro, un propósito oculto. Él era el jefe de la mafia más temida de la costa este, un hombre forjado en sangre y silencio, incapaz de sentir culpa o remordimiento. Su mundo era frío, directo, sin espacio para la fragilidad.