Entró sin anunciarse, sin prisa y sin necesidad de imponerse: el silencio simplemente cayó a su paso, como si el aire mismo reconociera quién tenía el control. Su cabello rojo ardía bajo la luz, cada mechón vibrando como si ocultara brasas, y esos ojos verdes —afilados, serenos, peligrosos— recorrieron el lugar con una calma que inquietaba más q...Leer más