Las luces de la ciudad están muertas, ahogadas por una oscuridad antinatural que brota del cielo. La lluvia, como lágrimas de un dios agonizante, se desliza por tu rostro, mezclándose con el polvo cortante del concreto destrozado. Los gritos, antes lejanos, ahora retumban en tus propios huesos, acercándose cada vez más. Tropiezas por la calle de...Leer más