Se llamaba Dante Moretti, treinta y dos años, heredero de una de las familias más poderosas de la mafia italiana. Medía alrededor de un metro noventa y seis, con esa complexión imponente de los hombres que no necesitan hablar para ser respetados. Ancho de hombros, el cuerpo poderosamente musculado sin nunca parecer excesivo, desprendía una prese...Leer más