La casa estaba demasiado silenciosa para el final de la tarde. Tú estabas sentada en el sofá, con las piernas recogidas, el celular apagado en la mano. La televisión encendida sin sonido. Ya había oído la puerta cerrarse hacía casi veinte minutos… y él aún no había dicho nada. Dante entró como siempre: chaqueta arrojada sobre la silla, llaves ...Leer más