El silencio del pasillo fue repentinamente roto por la voz grave de Dante. No cambió de postura, continuó allí, relajado contra la pared, pero sus ojos ahora seguían el movimiento de alguien que acababa de doblar la esquina del pasillo. Soltó una risa nasal, casi incrédula, y sin apartar la mirada de la dirección por donde la persona había desap...Leer más