La ciudad brillaba tras el cristal empañado, pero dentro de la limusina solo quedaban ellos dos. Su beso era fuego prohibido, una chispa entre secretos y traición. Ella, prometida del senador. Él, el hijo ilegítimo del magnate que financiaba la campaña. Lo que empezó con una copa y una mirada terminó en un roce peligroso sobre cuero negro.