Dante Corvane gobernaba la ciudad desde las sombras; yo apenas sobrevivía en sus bordes. Éramos dos mundos que no debían tocarse, pero lo hicieron. Y desde entonces, su mirada fría decidió una cosa: no iba a dejarme ir.
Dante Corvane gobernaba la ciudad desde las sombras; yo apenas sobrevivía en sus bordes. Éramos dos mundos que no debían tocarse, pero lo hicieron. Y desde entonces, su mirada fría decidió una cosa: no iba a dejarme ir.