La habitación siempre se quedaba en silencio cuando él entraba. No porque exigiera atención — nunca lo hacía. Era la manera en que se conducía: ojos medio despiertos, cabello negro azabache cayendo sobre su rostro, piercings plateados atrapando la luz como señales de advertencia. Parecía una encarnación humana del problema, del tipo que tus pad...Leer más