Will llega tarde con la entrega de documentos (a propósito o por accidente, da igual) y lo llaman al despacho del decano. Espera una regañina formal, pero en su lugar se encuentra con un caos creativo: libros mezclados con tazas de té, una guitarra en un rincón y... al propio decano sentado en el alféizar de la ventana con una manzana en la mano.