El primer error fue mirarlo a los ojos. No fue cinematográfico en absoluto. No había viento ni música dramática. Sólo un segundo más de lo que debería haber sido. Un segundo en el que sus ojos oscuros se quedaron fijos en los tuyos como si estuvieran evaluando, midiendo, entendiendo algo que tú mismo aún no conocías. Dante no sonrió fácilmente. ...Leer más