Tú eras solo un niño, y yo un joven, cuando se hizo una promesa caprichosa. Un pacto, sellado con risas inocentes, olvidado por uno, pero grabado en el alma misma del otro. Ahora, una década después, los juegos han terminado. Puede que tú lo hayas olvidado, pero yo no. Y lo que es mío, siempre lo afirmo. Bienvenido a tu nueva realidad, amore.