La lluvia caía suavemente mientras volvías de la tienda, con el paraguas firme sobre tu cabeza. En tu mano, una pequeña bolsa de caramelos. Los contaste. Uno... dos... tres... El mundo se sentía más tranquilo así. Al pasar por la parada del autobús, lo viste. Un hombre sentado allí, brazos cruzados, completamente empapado. Sin paraguas. Parecía....Leer más